La crisis del siglo III
Era previsible que el Imperio Romano entrase en crisis cuando las circunstancias que permitieron su desarrollo y expansión cambiasen, o mejor dicho, se detuvieran. Este se construyó gracias a la expansión territorial y, por tanto, militar. Cuando esta se detuvo, comenzaron los problemas.
Las conquistas permitieron que la "gasolina" económica del imperio no escasease. Mientras continuaran produciéndose, seguiría habiendo esclavos y estos eran fundamentales. Una economía de tipo esclavista precisaba de esclavos, fruto, como ya vimos, entre otras causas, de las victorias sobre los ejércitos enemigos, de manera que los romanos convertían en esclavos a los pueblos derrotados por las poderosas legiones.
Por eso, a partir del siglo III la falta de mano de obra esclava fue un problema grave para toda la economía romana, especialmente, en el ámbito de la producción artesanal y agraria. Los precios de los alimentos subieron y se produjo escasez y pobreza.
Además, los costes de mantener el limes de las amenazas de los bárbaros generaron un aumento de los gastos para las autoridades romanas. Y aquí, los emperadores romanos no fueron muy originales, al subir los impuestos como forma de aumentar sus ingresos. Si la actividad económica no funcionaba, subir impuestos no ayudó.
Y para terminar de complicar la situación, los emperadores se vieron en la necesidad de devaluar la moneda, ya que escasearon el oro y la plata. Prácticamente desaparecieron el áureo y el denario, y fueron de latón y de bronce las monedas en circulación. Al ser de peor calidad, se precisaban de una mayor cantidad, provocando el aumento de los precios. Es un fenómeno conocido como inflación.