Roma y sus dioses
A lo largo de los más de 1000 años de historia de la Roma antigua, la religión fue un elemento esencial en la cultura romana. Ya en sus orígenes los romanos fueron asimilando creencias y divinidades de otras culturas, como la etrusca. Pero, sin duda, el momento clave fue entrar en contacto con la civilización griega y de esta adoptaron prácticamente el panteón de dioses heleno.
Por todo ello, el politeísmo definió la religión romana. Existían dos tipos de divinidades, las públicas y las privadas. Las primeras celebraban rituales para contentar el favor de los dioses con ofrendas, fundamentalmente sacrificios. Estos ritos eran oficiados por sacerdotes. Las segundas rendían culto a aspectos particulares como la protección del hogar y el recuerdo a los antepasados. El pater familias era el encargado de celebrar los actos religiosos. Respecto a los dioses colectivos tres destacan sobre el resto, lo que se conoció como triada capitolina, formada por Júpiter, Juno y Minerva.
En la época imperial, y ya con Octavio Augusto, los emperadores se convirtieron en dioses que recibían culto. Conforme más se extendía la veneración al emperador como figura divina, más rápido creció, primero entre las clases populares, y posteriormente entre amplias capas sociales, el culto a una nueva religión monoteísta llamada cristianismo, como se vio en el recurso anterior.