Mercurio y Ceres
Seguramente has oído en alguna ocasión la siguiente expresión: "Todos los caminos conducen a Roma". La frase en cuestión hace mención a una realidad histórica propia de la antigua Roma. Desde cualquier parte del Imperio romano se podía alcanzar la capital si se seguía la tupida red de calzadas creadas para ese fin. Además, se hacía alusión a Roma como "centro del mundo", convertida en una especie de capital de la civilización. Y así lo sintieron durante mucho tiempo los propios romanos.
El comercio fue uno de los motores económicos de la historia de Roma, y no solo durante el imperio, sino desde sus inicios y también en el periodo republicano. El comercio, tanto terrestre como marítimo y fluvial, puso en contacto zonas productoras con zonas consumidoras. Un ejemplo: Egipto fue durante mucho el tiempo el "granero" de Roma. De Hispania, el aceite y el vino llegaban a Roma. Pero también el comercio favoreció contactos más lejanos, de manera que productos exóticos procedentes de Oriente llegaron a Roma.
Para comerciar se precisa demanda y oferta, junto con una red de comunicaciones que permita dicha actividad. Las calzadas romanas fueron las autopistas de la Antigüedad que permitieron conectar a todos los territorios que formaban parte de Roma. Para ello, los romanos consiguieron un desarrollo tecnológico sin igual, que permitió superar obstáculos orográficos o fluviales. En definitiva, fueron grandes ingenieros. Por otra parte, contribuyó al desarrollo urbano y otorgó al ejército un papel muy importante en la protección y seguridad de las mismas. Cabe recordar que las propias legiones romanas pudieron moverse rápidamente por todo el territorio romano, gracias precisamente a la red de calzadas.
El título de este apartado "Mercurio y Ceres" hace mención a los dioses protectores de estas dos actividades, por un lado Mercurio, dios protector del comercio, y por otro, Ceres, diosa protectora de la agricultura (la palabra cereal, ya sabes de dónde procede). Los romanos eran grandes agricultores desde sus inicios. Fueron los encargados de perpetuar la famosa triada mediterránea: cereales, vid y olivo.
Tampoco hay que olvidar los avances técnicos introducidos en época romana como el arado romano o el molino de agua. Los acueductos fueron, por su parte, la gran obra de ingeniería que permitió trasportar agua de un lugar a otro y así favorecer los asentamientos y el desarrollo de la agricultura de regadío.
Por último, hay que destacar que el formato de explotación de las tierras, el más común, eran las villas, propiedad de familias, que, con gran cantidad de mano de obra esclava, se encargaban de la producción agraria. Este aspecto nos enlaza con el siguiente apartado: la sociedad romana y el papel de los esclavos.