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Educar en el siglo XXI

Expertos de muchos ámbitos del conocimiento han definido el mundo en el que vivimos como el de la incertidumbre, la digitalización, la globalización, etc. Hay términos acuñados como el VUCA (volátil, incierto, cambiante y ambiguo), o el emergente BANI (frágil, ansioso, no lineal e incomprensible) que intentan describir los entornos en los que nos movemos.

La UNESCO, en la búsqueda de un concepto de educación para un futuro viable y en el marco del proyecto “Educación para un futuro sostenible”, encargó a Morín que expresara sus ideas, en el contexto de su visión del Pensamiento Complejo, sobre la esencia de la educación del futuro. ”Los siete saberes necesarios para la educación del futuro” (1999) fue su propuesta realizada en los albores del siglo XXI. Términos como incertidumbre, complejidad, cambiante… están descritos en su texto.

A su vez, organizaciones como la ya citada UNESCO han realizado investigaciones y publicado documentos orientativos muy útiles tanto para los dirigentes como para las escuelas y sus profesionales. Es importante estar actualizado, conocer los marcos globales, las tendencias y las investigaciones que se realizan para apropiarnos del contexto y poder tomar decisiones más allá de ejercer la profesión siguiendo la inercia de la costumbre o del “siempre se hizo así”. Tal como reza el texto de Dewey que encabeza estas orientaciones, esto priva a los estudiantes no solo del futuro sino también de un presente que deben comprender y en el que deben poder desenvolverse.

Es necesario aprender a navegar en un océano de incertidumbres a través de archipiélagos de certeza.

Morin, 1999

Es cierto que las inercias del sistema tampoco facilitan la reflexión, la toma de conciencia o el cambio. Sin embargo, existen miles de docentes y de centros educativos que conocen, aplican y disponen de evidencias de éxito de un modelo de enseñanza-aprendizaje basado en competencias. Tal vez, conocer esas experiencias a través de los docentes de la red EDIA, entre otros, y comenzar a aplicar sus propuestas educativas en las diferentes etapas educativas, puede ser una manera de acercarnos a este modelo. También, la lectura de estas orientaciones y la bibliografía recomendada puedan servir de apoyo al docente como referencia teórica y práctica en la realización de los cambios tan necesarios en la educación actual.

Tal vez el primer paso, y el que más reflexión necesita, es precisamente comprender que el docente es un diseñador de experiencias que sitúan al alumnado en un entorno en el que puede experimentar, pensar, comprender, crear y, en definitiva, construir su aprendizaje. Se trata de poner el aprendizaje en el centro de nuestra actuación.

Un punto de partida

Las necesidades formativas en el mundo actual son mucho más complejas que las que necesitaron generaciones precedentes. En este sentido, expertos de organizaciones internacionales como la UNESCO y la Comisión Europea han elaborado documentos y orientaciones como el informe “Reimaginar juntos nuestros futuros: un nuevo contrato social para la educación” (2022) donde se expresa:

El formato de la lección debe dar paso a pedagogías que valoran la diversidad de métodos y de modalidades de estudio y aprendizaje. Hay muchas otras formas de reunir a la gente en torno a esfuerzos comunes utilizando diversas modalidades de estudio y aprendizaje que aprovechan el intercambio intergeneracional e intercultural y capitalizan las habilidades y conocimientos de los docentes. Por ejemplo, los enfoques educativos basados en problemas y proyectos pueden ser más participativos y colaborativos que las lecciones convencionales. Las pedagogías basadas en la indagación y en la investigación-acción pueden hacer que los estudiantes adquieran, apliquen y generen conocimiento simultáneamente. Las pedagogías comprometidas con la comunidad y el aprendizaje-servicio pueden dotar al aprendizaje de un fuerte sentido de utilidad si se lleva a cabo desde una postura humilde. Es necesaria una importante remodelación de la organización de la escolarización para que pedagogías como esta puedan hacer avanzar las capacidades de los alumnos para emprender un trabajo conjunto y ampliar sus capacidades de deliberación y acción colectivas con un espíritu de solidaridad.

UNESCO, 2022

Como se puede apreciar hay una recomendación explícita del uso de pedagogías activas: el aprendizaje en base a proyectos y problemas (ABP), la investigación-acción participativa (IAP) y el aprendizaje-servicio.

Tres claves para la reflexión

La acción educativa debe estar contextualizada en una realidad multidimensional, no puede estar de espaldas a ella. Por lo tanto, comprender la complejidad de los retos globales y locales a los que nos enfrentamos debe preceder a la planificación de las propuestas educativas y servir de inspiración constante. Además, estos retos deben estar presentes también durante la ejecución en el aula. Una meta educativa de primer orden es ayudar al alumnado a comprenderlos y enfrentarlos desarrollando las competencias necesarias y dotándoles, en el proceso, de las herramientas adecuadas.

Retos del siglo XXI

Los grandes desafíos del Siglo XXI son los que, de acuerdo con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030, verán confrontados los alumnos y alumnas. Según Coll y Martín, entre esos retos, están:

  1. Compromiso ante situaciones de inequidad y exclusión
  2. Resolución pacífica de conflictos
  3. Aceptación y regulación de la incertidumbre
  4. Aprovechamiento crítico, ético y responsable de la cultura digital
  5. Valoración de la diversidad personal y cultural
  6. Compromiso ciudadano en el ámbito local y global
  7. Confianza en el conocimiento como motor de desarrollo
  8. Vida saludable
  9. Respeto al medio ambiente
  10. Consumo responsable

Se trata de que, al término de la Educación Básica, el alumnado pueda afrontarlos con la mejor de las garantías.

Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)

En 2015, la ONU aprobó la Agenda 2030 sobre el Desarrollo Sostenible, una oportunidad para que los países y sus sociedades emprendan un nuevo camino con el que mejorar la vida de todos, sin dejar a nadie atrás. La Agenda cuenta con 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, que incluyen desde la eliminación de la pobreza hasta el combate al cambio climático, la educación, la igualdad de la mujer, la defensa del medio ambiente o el diseño de nuestras ciudades. (Objetivos de Desarrollo Sostenible, ONU).

El compromiso con los ODS también implica a la educación. De hecho, es clave que los asumamos y los integremos en la acción docente, pues de su apropiación por parte del alumnado, y de la sociedad en general, dependerá poder responder a los retos anteriormente mencionados.

Consenso sobre las competencias

Aunque hablamos de las competencias desde hace mucho tiempo y están presentes en las leyes educativas desde el año 2006 (LOE), es un hecho que su desarrollo e implantación está siendo desigual después de más de tres lustros. La docencia se ha apropiado del término pero no tanto de sus implicaciones que tienen que ver con el qué, el cómo y para qué se enseña. Además su implementación requiere de un cambio cultural respecto al rol docente. El objeto de nuestra labor debe pasar de centrarse en la enseñanza para poner el foco en el aprendizaje del alumnado, lo que exige un cambio de mirada respecto a qué, cómo, quién y para qué evaluamos. 

Son muchos frentes los que este cambio abre y deben afrontarse desde la formación, la acción y la reflexión.

Hay muchas reticencias en un sector de los docentes sobre este enfoque y eso se refleja en prácticas que continúan poniendo el eje en el contenido, el docente como centro de la enseñanza y el uso de la evaluación como vía para la calificación. Sin embargo, el desarrollo de competencias sigue siendo el objetivo de los estados y de las organizaciones internacionales. Así, en la Recomendación del Consejo de la Unión Europea del 22 de mayo de 2018, se recogen las 8 competencias clave para el aprendizaje permanente. Este documento, al que se han adherido los estados de la Unión, supone un compromiso que nos convoca a los docentes europeos para conseguir que los futuros ciudadanos, al terminar su formación básica, dispongan de los conocimientos, estrategias y actitudes que les capaciten para seguir aprendiendo a lo largo de la vida.

El mundo de hoy requiere formar personas muy distintas a las de otras épocas: hay que formar capacidades para pensar críticamente, tener iniciativa, creatividad y una amplia base ética para enfrentar los dilemas del futuro.

Axel Rivas, 2019

Estas tres claves, los desafíos educativos para el siglo XXI, los ODS y la necesidad del desarrollo de competencias para la participación plena en la sociedad, se han tomado en consideración a nivel internacional a la hora de elaborar los nuevos currículos y son también el punto de partida y la razón de ser de este documento.

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