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Epílogo

 

Planificar el proceso de enseñanza-aprendizaje para un periodo de tiempo (curso, trimestre, ciclo, etapa, etc.) es un gran reto. Estas orientaciones pretenden ser una ayuda en esa tarea y aportan ideas clave sobre ciertos aspectos de dicho proceso.

La primera idea clave es que el centro educativo debe estar vinculado a su realidad. Esta no solo se refiere al contexto cercano (aula, barrio, localidad, comunidad autónoma, etc.) sino también a la sociedad global del siglo XXI en la que realiza su labor. Y es esa sociedad cambiante la que le invoca a preparar al alumnado para un mundo incierto. El aprendizaje debe ser, por tanto, la finalidad principal del educador, puesto que es el alumnado el que debe aprender las competencias necesarias para desenvolverse en esa sociedad. Es fundamental saber cómo aprende para poder ofrecerle las experiencias más adecuadas.

Aprender competencias va más allá de enseñar y ejercitar conceptos, procedimientos y actitudes. Hay que proveer al alumnado de ambientes favorecedores de un aprendizaje profundo y eficaz. Es por ello necesario crear ambientes en los que el alumnado sea el constructor activo de su conocimiento para lo que hay que personalizar el aprendizaje, teniendo en cuenta las diferencias individuales (conocimientos previos, capacidad, concepciones, formas de aprender, etc.), los intereses y las emociones. Además, estos escenarios deben propiciar la interacción, la negociación y la cooperación, vertiente social del aprendizaje. También deben crear conexiones horizontales entre las áreas de conocimiento y vínculos con la realidad para que el aprendiz pueda transferir el conocimiento adquirido a nuevas situaciones. Así mismo, para conseguir el aprendizaje autorregulado y autónomo, el docente debe dotar de andamiaje y guía incluyendo en sus propuestas modelos y una evaluación formativa.

Enseñar competencias implica acercarse a modelos pedagógicos que lo propicien y que, entre sus postulados, permitan crear ambientes de aprendizaje eficaz. Cada uno de los modelos señalados en estas orientaciones tiene ventajas e inconvenientes y, en función del objetivo concreto, todos pueden resultar útiles. Aún así, el paradigma socio-constructivista es el que más se adecúa a la visión del aprendizaje como construcción personal del aprendiz y como eje de la acción docente. No obstante, hay que tener en cuenta otros modelos emergentes como el conectivismo en aras de la necesaria integración de la escuela en la sociedad digital.

La oferta de métodos, metodologías, técnicas, etc. es amplia y muy interesante. En estas orientaciones se ha hecho una selección dentro del marco de las metodologías activas. La combinación de varias de ellas en función del tipo de pensamiento, del tipo de tareas y procedimientos, de las actitudes o valores a desarrollar o de los elementos inherentes a las diferentes disciplinas ha de ser el criterio de selección de una u otra en cada experiencia de aprendizaje. Esta combinación es lo que da valor a la propuesta y posibilita un aprendizaje profundo.

Una vez que se ha establecido y argumentado el marco teórico, se presenta la propuesta concreta para llevar a la práctica. En ella se señalan y redefinen los 4 elementos esenciales que la conforman. Estos son, el docente como diseñador de experiencias y guía de procesos de aprendizaje, el alumno como usuario final de la propuesta y el diseño dual. Este último lo integra el habitual diseño de los elementos curriculares y la narrativa -versión de la propuesta que se presenta al alumnado-. Ambos aspectos tienen su razón de ser en la adecuación del rol docente al actual contexto educativo. Su función ya no se centra tanto en el qué va a enseñar sino en el cómo y el para qué va a aprender el alumnado. Por esta razón, debe crear narrativas coherentes que guíen las experiencias de aprendizaje subordinando así como la programación curricular a las intenciones educativas.

Esta propuesta de trabajo implica la colaboración y cooperación del profesorado. La preparación de una propuesta es un proceso complejo y además está demostrado que la suma de las diferentes fortalezas existentes en cualquier equipo de trabajo tiene como resultado un diseño más rico y completo que si se aborda la tarea de manera individual. De hecho, la colaboración entre docentes de diferentes especialidades e incluso de distintas etapas educativas con intereses y prioridades variados es una práctica muy recomendada y de la que, como está demostrado, se benefician tanto el alumnado como los propios profesionales ya que en ese proceso se producen grandes aprendizajes.

Ser docente es un gran reto que implica una mirada abierta, curiosa y un aprendizaje y actualización constantes. Es también una actitud y una labor colegiada, de equipo. Implica a su vez un deseo de acompañar al otro en su aprendizaje siendo sensible a las necesidades del aprendiz, a sus emociones y a su motivaciones así como a sus dificultades y a sus fortalezas. Hay que aceptar que es una tarea muy compleja en la que se deben evitar las concepciones cerradas, unívocas o simplificadoras.

Por último, más que nunca, es urgente que tanto los docentes como los centros escolares no den la espalda a la sociedad sino que sean parte activa de la misma. Mantener el aislamiento es incompatible con preparar al alumnado para ser agentes transformadores de la realidad.

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