Todos los seres vivos del planeta poseemos un patrimonio genético común. Los humanos, por ejemplo, compartimos más del 99% del genoma con los chimpancés. Esto ha permitido a los expertos deducir que la vida en la Tierra tuvo el mismo origen, esto es, surgió una sola vez, y que debe existir un único antepasado de todos los organismos que la habitan, desde las bacterias hasta las ballenas azules.
No se sabe con certeza cómo las moléculas orgánicas de los coacervados fueron capaces de organizarse para desarrollar estructuras más complejas y formar las primeras células. Se piensa que estas estructuras primitivas pudieron desarrollarse gracias a que se rodearon de membranas que las separaban del exterior.
Los científicos piensan que solo una célula temprana (o grupo de células) eventualmente dio lugar a toda la vida posterior en la Tierra. La denominaron LUCA, acrónimo de “Last Universal Common Ancestor” o “Último Ancestro Común Universal”. Probablemente existió hace unos 3.500 millones de años, era un organismo unicelular no muy diferente de las bacterias modernas y tenía todas las características que son comunes a todos los seres vivos sobre el planeta. LUCA estaría situada en la raíz del árbol filogenético de todos los organismos, diagrama que representa las relaciones evolutivas entre organismos.



